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Mónica Belevan

NIETZSCHE: ORÍGENES DE UNA TRAGEDIA 

 

En 1872, Nietzsche publicó El origen de la tragedia en el espíritu de la música, ensayo excéntrico y sentido, de marcado fondo wagneriano, sobre los orígenes de la tragedia griega. Fue su primer libro, y, quizás a causa de ello, el más querido.

Pese a que en la reedición de 1886 Nietzsche creyera necesario agregarle un corolario autocrítico, es innegable que el planteamiento central del Origen, según el cual “la existencia y el mundo quedan eternamente justificados sólo en tanto sean fenómenos estéticos“, quedaría al corazón de su propuesta filosófica global.

PRIMER DESAMOR. La recepción del libro por la Facultad de Estudios Clásicos y Filológicos de la Universidad de Basilea –donde Nietzsche ejercía en calidad de profesor, siendo, incluso con dos años de experiencia y con 26 cumplidos, el docente más joven en la historia de la institución– fue mixta: algunas pocas eminencias, como Jacob Burckhardt, a quien Nietzsche veneraba, no pudieron sino reconocer el virtuosismo nietzscheano; otros, los más, le despreciaron e hicieron de su autor un objeto de burla. Los comentarios ásperos del filólogo Ulrich Willamowitz-Möllendorf, quien consideró (y no desacertadamente) a Nietzsche como a un “deslumbrado“ propagandista wagneriano, llegaron a desacreditar al joven doctor, mermando la suscripción a sus clases de Lengua y Literatura Griegas a apenas dos alumnos.

Es ante esta coyuntura que Nietzsche redacta la serie de cuatro conferencias que Tusquets ha colegido bajo el título de Sobre el porvenir de nuestras escuelas. Entre sus textos menos conocidos y ciertamente menos estudiados, dichas conferencias permiten afianzar tanto el sentido de continuidad evolutiva distintivo a la obra nietzscheana, como aportar nuevas observaciones respecto a los lineamientos de un cierto orden del pensar que, incluso a tan temprana fecha, da ya  muestras
de encontrarse muy desarrollado. Hay en el Origen mucho más que el entusiasmo operático de sus páginas finales, y el sentido de la soledad nietzscheana, reforzado por la acendrada selectividad y marginación académica que el filósofo fuera a sufrir, parece haber contribuido de ma­nera decisiva a la inflexión de su pensar. Sobre el porvenir… es evidencia de ello.

Así como el Origen discurre bajo la égida de Wagner, las conferencias parecen llevar en el alma a quien fuera el amor común que uniera, a su vez, a Nietzsche con el mago de Bayreuth: Arthur Schopenhauer, el “sombrío y enérgico genio“ de la tercera de sus cuatro Consideraciones intempestivas de 1873. Y en pleno espíritu schopenhaueriano, las conferencias se distinguen por lo que, en el sentido más literal de la palabra, merecería designarse como su “tono desencantado“ –el tono propio de alguien que ya no opera bajo el embrujo de lo aparente, sino que ha establecido un nexo vivo con lo real–.

Nietzsche ataca a la fuente primigenia de su desencanto en la figura de la institución escuela –e implícitamente, todo el sistema educativo– de Alemania, combatiendo “por un lado, la tendencia hacia la máxima extensión de la cultura y por otro, la tendencia a disminuirla y debilitarla.“
De acuerdo a la primera de estas tendencias, la cultura debe ser llevada a ámbitos cada vez más y más amplios; de acuerdo a la segunda, se pretende simultáneamente que abandone su soberanía en aras de quedar al servicio –y bajo el gobierno– de lo que Nietzsche no escatima en con­siderar “otra forma de vida“: el Estado.

Estos presuntos desarrollos, a los que Nietzsche denuncia con la misma vehemencia con la que más tarde opondría una aquiescente resistencia a los “síntomas de decadencia“ en Alemania, sólo pueden combatirse de dos formas: formas que, precisamente a causa de su fuerte formalismo, dan pie al establecimiento de analogías válidas tanto con su esteticismo posterior, como con el talante reciamente aristocrático de la ética y política detalladas, ya hacia fines de su vida útil, en La genealogía de la moral.

Así pues, el rescate de la auténtica cultura implicaría antes, su restricción y concentración; luego, el refuerzo de su autosuficiencia.

CULTURA Y VALOR. Para mejor comprender esto será necesario explicar a qué SE refiere Nietzsche cuando habla de tendencias extensivas y debilitantes de la cultura, y notar la estrechez que guardan para él las nociones de cultura y educación; esto en tal grado que la decadencia cultural a la que alude Nietzsche en escritos posteriores parte, irremediablemente, de una crítica al raquitismo esencial que caracteriza a una educación y sociedad maltrechas.

La cultura –o, más bien, lo ‘culto’ en Nietzsche– se asocia, desde el Origen de la tragedia, a lo apolíneo, que ha de entenderse como fuerza educada y opositora del espíritu dionisíaco, al que corresponde lo atávico, lo vivo y lo natural (la distinción guarda, como otros varios parecidos entre autores, una hipnótica similitud al tratamiento que da Freud a los conceptos de Eros y Thanatos). Una recolección ‘estadística’ de las muchas referencias que hace Nietzsche a lo largo de su pensamiento a la “cultura“ da con dos posibles acepciones del término, que no necesariamente se ha cuidado de separar en muchos (de los muchos) análisis de su obra.

Así, por un lado, se tiene una acepción de cultura que empalma con una primera acepción de lo educado: aquella que se corresponde a lo apolíneo, a la refinada destrucción de lo vital. Pero no es sino tras leer las conferencias de 1873 que puede terminar de redondearse una dis­tinción entre culturas en la oferta filosófica nietzscheana: es en este oscuro librito en el que Nietzsche subraya, por primera vez, una diferencia crítica y decisiva entre “cultura“ en un sentido selectivo y constructivo, y “pseudo-cultura“, término peyorativo de connotaciones patológicas que, para la confusión del lector, terminará asumido años después bajo el mote proteiforme y no siempre muy claro de “cultura“ simple y llanamente. 

El hecho es que el joven Nietzsche parece tener, en muchos sentidos, más miramientos para con el lector que el Nietzsche tardío (quien, en su rampante desconsideración resulta, sin embargo, hasta más encantador): en las conferencias, la distinción entre culturas queda hecha patente, y cuando Nietzsche refiere a la “extensión y debilitación de la cultura“, ambos movimientos son “contrarios a las intenciones naturales“ de ésta, en la misma medida en que corresponden al engorde de una “cultura falsa“.

Nietzsche es consistente en su apelación a un retorno neorro­mántico a una naturaleza, por lo demás, poco romántica. Propone desde ya la tesis que cobraría forma y fervor en su Genealogía: básicamente, de que a) el hombre está de natural sujeto a las jerarquías, y b) que el dominio de una élite permite y condice la sustentación de una “cultura“ propiamente dicha. Esta es una visión que Nietzsche refinará más adelante: al hacer de la cultura una noción finalmente sincrética de dos acepciones en apariencia opuestas, Nietzsche encapsula en su apreciación final de la cultura –estrechamente aunada a su concepción heraclitiana de la his­toria– al proceso existencial que correspondería a un organismo vivo; concepto que sería retomado, in extremis, por historicistas como Spengler a futuro.

De este modo, un entendimiento aún más atildado de “cultura“ en Nietzsche implicaría a su teoría del eterno retorno de lo idéntico: la cultura, como ente y como entidad, sería un algo que nace, crece, se de­sarrolla y que está irremediablemente condenado a decaer, morir, y renacer bajo otra forma. Se subestima la importancia que tiene esta interpretación de lo que es cultura en Nietzsche tanto en la funda­mentación de su archifamosa y malentendida “transvaloración de todos los valores“, así como en la forja comúnmente ignorada de una interioridad trascendental que acaba por ser el último y mejor garante de la revalidación de lo humano ante las contingencias propuestas a la persona por aquella otra y extraña criatura, la Historia. El parecido que surge así entre la visión histórica de Nietzsche y la de un Tolstoi, por ejemplo, es la prueba fehaciente no sólo de que la filosofía de Nietzsche no consigue desprenderse por entero de su ascendente cristiano, sino también de que es muchísimo más humanista de lo que suele remarcarse.

EL SÓCRATES DISCRETO. En sus conferencias, Nietzsche no propone nada que se asemeje a un proyecto de enmienda curricular. Exige, más bien, que su lector sea lo suficientemente sofisticado como para tomar su tesis como un “estímulo de reflexión“, y lo suficientemente culto como para “valorar bastante poco su cultura“.

Pese a las duras palabras que Nietzsche reserva para Sócrates en El origen de la tragedia (palabras que atempera un poco con la edad) hay en su provocación una evidente actitud socrática. Todo en Nietzsche apunta, precisamente, al ãíùèé óåáõôïí (“conócete a ti mismo“); la prueba más llamativa de ello estriba en la insistencia con la que el autor refiere, como recurso estilístico y didáctico a lo largo y ancho de su obra, a los pormenores de su propia experiencia. En las conferencias, parece hacer recolección tanto de sus días de escolar, en los cuales dio pie a la formación de la sociedad “Germania“ –un grupo de jóvenes amigos que buscaban compartir, refinar y a partir de allí, mejor orientar sus impulsos e inquietudes culturales–, así como de su destacada carrera como alumno universitario en Bonn.

Introduce como narrador a un viejo cascarrabias, inspirado a ojos vista en Schopenhauer, que declama la tesis central de las conferencias de un autor a quien tiende a tacharse sin más de relativista con la exhortación: “¡hay que tener pensamientos, no sólo puntos de vista!“ Esta es la búsqueda plena pero insatisfecha que informa la vida entera de Nietzsche, y que obliga a entenderla como prueba de ejemplar integridad.

Las conferencias invitan, asimismo, a la desvirtuación de otro mito común a la idea popular habida del filósofo; verbigracia, que Nietzsche es un preclaro difusor de la noción de estado fuerte que caracterizaría al totalitarismo. A este equívoco ha de contra y sobreponerse el hecho de
que en estas cuatro conferencias Nietzsche se avoque a la lapidación de un Estado presto a la formación de “empleados útiles“ –la preocupación pedagógica de Nietzsche es estrictamente schopenhaueriana, y no le importa más que la captación y capacitación del genio, el educando excepcional–. Lo afirma, como le es típico, sin tapujos: “Ningún hombre sentiría inclinación hacia la cultura si supiera lo increíblemente pequeño que es […] el número de personas que poseen una auténtica cultura, y que tiene por fuerza que ser así. Así pues, el verdadero secreto de la cultura debe encontrarse en el hecho de que innumerables hombres aspiran a la cultura y trabajan con vistas a ella […] sólo para hacer posibles a algunos pocos individuos“.

ORÍGENES DE LA TRAGEDIA. La educación moderna es, ante todo, presuntuosa, pretende erróneamente “poseer“ a la cultura.
Al partirse de la suposición maligna de que pueden democratizarse los derechos del genio, se conspira instantáneamente en contra de su aparición. Se promulga así también una correlación equívoca entre
conocimiento y cultura“, como si pudiera tratarse en términos cuantitativos lo que es de hecho una relación de calidad. Inevitablemente, este entendimiento de cultura tiene como derrotero al valor ‘utilitario’ de la misma, que pasa a representar la habilidad del individuo de mantenerse “a la altura de los tiempos“. Ya incluso en 1873, Nietzsche se retrata, en esencia, como un amigo de lo inactual y un intempestivo: entre las características del genio nietzscheano radica precisamente su contraposición fatal y orgánica al Zeitgeist del cual no parte, y a cuyo espíritu tampoco puede reducirse.

La tragedia de una cultura mal entendida radica entonces en el esfuerzo que se hace por tratar de educar a cuantos hombres “corrientes“ se pueda, y ha de entenderse por “hombre corriente“ lo mismo que se entiende por “moneda corriente“ (es decir, circulante de valor ficticio pero convenido). Esta infausta alianza entre conocimiento y posesión termina, pues, presentada socialmente casi en la calidad de una exigencia “moral“: no está bien vista una cultura que produzca “solitarios y consuma tiempo“.

A las tendencias culturales de este tipo tiende a descalificárselas por su ejercicio de un “egoísmo selecto“; aunque una cultura que no defienda este egoísmo, y que se proponga el ser “lo más universal posible“, lleva enquistada en el alma la semilla de lo que, a mediados y fines del siglo XIX, daría con designarse como “el problema social“: una cultura democrática y apolínea necesariamente debilita el tejido social en tanto su propia tendencia abarcativa conlleva la eventual imposibilidad de concesión de privilegios; lo que es más, llegado cierto punto ya no pueda ser siquiera el más pálido garante de respeto. Una falsa cultura es una bomba de tiempo, una invitación a la “barbarie“. Y esta barbarie se manifiesta, como ya se ha acotado, de dos maneras: sea en el afán por la extensión y difusión de
la cultura –implemento de intereses creados (religión, Estado, etc.) que encuentran, en la masificación de la cultura, los fundamentos de la propia legitimación–; sea en la tendencia a la debilitación de la cultura en la formación de hombres eminentemente incultos, como lo son, por ejemplo, los “especialistas“, que no se dis­tinguen de “obreros fabriles“ en la medida en que dedican la vida al (supuesto) afinamiento de un mismo tornillo sin ejercer presión real en el corpus del aparato cultural.

Bajo un establecimiento cultural de esta naturaleza, el hombre de talento –ni qué decir el de genio– ya ni siquiera considera seriamente la docencia; en la certeza de que, apenas arroje una simiente de cultura auténtica, esta será aplastada por la apisonadora pseudo-cultural.

MAGISTER DIXIT. Y es que el profesor moderno es, según Nietzsche, pura pobreza espiritual: la docencia no se abastece de talentos inventivos, sino de hombres que ignoran que “la auténtica genialidad y la auténtica praxis deben encontrarse en el mismo individuo“. La filosofía y la educación modernas portan la marca del terror: “a quien no sea capaz de producir horror hay que rogarle que deje en paz las cuestiones pedagógicas“; así, el sistema espanta a los verdaderos talentos y quedan a cargo de la cultura “espíritus impávidos, tranquilos y groseros“.

La rectificación de esto debe iniciarse en el bachillerato, primer espacio de desánimo del genio; ya desde la escuela misma, Nietzsche insta a que se cultive la sensibilidad casi física del joven, para que, a partir de la secundaria, se proceda al distanciamiento entre alumnos más y menos hábiles. La fundamental justicia de este planteamiento radicaría tanto en el no obligar al aletargamiento de la brillantez,  como en el no impeler un sentimiento de disminución por parte de los menos dotados (cuestión discutiblemente más difícil); la idea sería el promover el que cada quien sienta que suple una función adecuada a sus capacidades, sin detrimento al desarrollo integral ni de los otros, ni de su persona.

Así, por ejemplo, el estudio del lenguaje, y en especial, el dominio de la lengua materna, no debería poner el énfasis en lo correcto ni erudito, sino en la exacerbación de la individualidad y estilo propio de los jóvenes más creativos. El bachillerato –y asimismo la escuela secundaria, y hasta en casos la universidad– critica todo lo que pueda considerarse un desborde del pensamiento y la personalidad; rechaza lo “autónomo“ y favorece al alumno “altivo, mediocre y carente de originalidad“ –en pocas palabras, al alumno “útil“–.

La falla de la educación moderna radicaría, pues, en suponer que todos son capaces de lo mismo y que todos tienen “el mismo derecho a opinar“. Una nueva educación purgaría estas injustas pretensiones de igualdad y habituaría al hombre menos dotado a una rígida obediencia bajo el dominio del genio. Por más insanamente selectiva que parezca esta propuesta, encierra en esencia una admisión de la naturaleza humana en correspondencia a su realidad como animal jerárquico, “obediencia al genio“ debe traducirse como una obediencia última al tino natural que tiene a bien hacernos desiguales, para que a partir de allí, podamos aspirar a ser, precisamente, justos. Platón no propone algo muy distinto en su República.

Por último, la promoción del desarrollo feliz de los pocos y mejores debe recaer también en manos de los pocos y mejores. El profesorado común, al que se le permite la “relación armónica con el bajo nivel y la insuficiencia del escolar común“, cree que es su deber emancipar a las masas del dominio de los grandes individuos: se opone así, aun en su insignificancia, a la gestación de una cultura auténtica, “a la naturaleza aristocrática del espíritu“. Lo que se quiere es, falazmente, reconquistar la libertad que les ha sido negada por naturaleza a los menos hábiles, que son, en términos numéricos, también los más. Es esta la misma línea de pensamiento que Nietzsche continuará en su Genealogía, trazando una distinción aún más específica entre una estirpe señorial y otra avocada a la difusión de una moral esclava (e inmoral) que procura subvertir el código nobiliario de la primera a punta de la hechura de forados.

Nietzsche propone una educación elemental para todos, sí. Pero también el que se considere que la formación del pueblo en “cosas serias“ puede considerarse hasta “criminal“; puesto que lo deja sujeto a los intereses poco cultos pero nada estúpidos de sus educadores. El genio no puede surgir de una educación que empuje a su progresiva supresión. Lo que la acepción moderna de cultura logra es, en gran medida, lo que se propone hacer: nivelar, emparejar, equiparar, pero siempre en razón
–y es que no podría ser de otra manera–, de un mínimo común denominador. Todos somos iguales en tanto miremos todos hacia un mismo suelo. Nos llegan, de tanto en tanto, rumores de la existencia tras­nochada de los cielos.

 

BIBLIOGRAFÍA

Nietzsche, Friedrich. Sobre el porvenir de nuestras escuelas. Barcelona: Tusquets, 2000

 

 

24/08/2008 14:47 Autor: roxanagh. Enlace permanente.

Simone de Beauvoir, cinquante ans après

« Le Deuxième Sexe » en héritage

Malgré ses limites, le vote, le 15 décembre dernier, par le parlement français du projet de loi visant à inscrire dans la Constitution le principe de l’« égal accès » des deux sexes aux mandats et aux fonctions électifs confirme les avancées du combat des femmes. La question de la parité, dans les instances politiques comme dans l’activité sociale, est désormais au centre des débats. Que de chemin parcouru depuis l’époque où quelques femmes se battaient pour le droit de vote ou le droit à une maternité librement choisie... Comment ne pas reconnaître à Simone de Beauvoir son apport inestimable dans cette longue marche vers l’égalité ?

Par Sylvie Chaperon

Dès sa sortie en 1949, Le Deuxième Sexe fait bruyamment parler de lui. Les grandes revues intellectuelles lui consacrent leur chronique littéraire. Les quotidiens ouvrent leurs colonnes à des dizaines d’articles et de comptes rendus, souvent signés par de grandes plumes : François Mauriac, Julien Benda, Julien Gracq, Emmanuel Mounier, Roger Nimier, pour n’en citer que quelques-unes. L’affaire occupe pendant quelques mois la « une » des préoccupations intellectuelles des comités éditoriaux. Rarement un livre écrit par une femme sur les femmes aura suscité tant de débats passionnés.

C’est que Simone de Beauvoir met sérieusement à mal quelques-uns des consensus sacrés de son temps. Depuis les années 30, une politique familiale et maternaliste d’une ampleur jamais égalée se construit patiemment en France. Les allocations familiales, l’allocation de salaire unique, les prêts au mariage, le quotient familial et une myriade d’autres mesures tentent de redresser une natalité durablement effondrée. Le baby-boom, exceptionnellement vigoureux, n’apaise pas toutes les craintes et renforce encore l’idéal de la mère au foyer, éducatrice-née d’une famille qu’on espère nombreuse. De la gauche communiste jusqu’à la droite, le natalisme règne en maître sans contestation aucune depuis que les néo-malthusiens, durement censurés, ont disparu de la scène publique. Et voilà que Simone de Beauvoir met en miettes toute cette belle mythologie de la maternité. Elle commence son chapitre « La mère » par un plaidoyer de quinze pages en faveur de l’avortement libre, elle dénie toute existence à l’instinct maternel et finit par dévaloriser brutalement la fonction maternelle qui, selon elle, aliène les femmes. Les chapitres sur « L’initiation sexuelle » et « La lesbienne » attirent tout autant les foudres d’une société puritaine qui n’avait pas encore envisagé l’éducation sexuelle.

Les trois textes incriminés, publiés en avant-première dans Les Temps modernes, suscitent une tempête d’indignations. François Mauriac demande à la « une » du Figaro si « l’initiation sexuelle de la femme est à sa place au sommaire d’une grave revue littéraire et philosophique ». Les communistes ne sont pas en reste : Jean Kanapa, ancien élève de Sartre devenu le directeur de La Nouvelle Critique, dénonce « la basse description graveleuse, l’ordure qui soulève le cœur ». D’article en article, Le Deuxième Sexe devient un « manuel d’égoïsme érotique », un manifeste d’ « égotisme sexuel », on se scandalise des « hardiesses pornographiques » qu’il contient, et son auteure est qualifiée de « suffragette de la sexualité » ou d’ « amazone existentialiste ».

C’en est trop pour beaucoup qui accourent à la défense de Simone de Beauvoir. Les collaborateurs des Temps modernes affûtent leurs arguments. Maurice Nadeau critique ceux qui « n’ont pu se délivrer tout à fait d’un certain malaise à voir une femme, fût-ce une philosophe, parler ouvertement »des choses du sexe« ». Emmanuel Mounier et Jean-Marie Domenach, respectivement directeur et rédacteur en chef d’ Esprit, apportent un soutien décisif à l’ouvrage. Pourtant, si Le Deuxième Sexe choque par son propos et sa radicalité, il n’est ni le seul ni le premier à soutenir ces thèses. D’autres livres, passés inaperçus et aujourd’hui oubliés, auraient pu provoquer de telles réactions.

Reconnaissance ou rancune

La notoriété de Simone de Beauvoir impose une couverture médiatique certaine à son livre. En 1949, elle n’est, en effet, plus une inconnue. Son premier roman, L’Invitée (1943), avait rencontré un accueil plutôt chaleureux de la critique. Depuis, ses nombreux écrits ont continué de faire parler d’elle, sans compter sa participation active aux Temps modernes, dont elle est la cofondatrice.

Mais, selon un usage bien patriarcal, c’est d’abord en tant que compagne de Jean-Paul Sartre qu’elle est connue du grand public. « Notre-Dame-de-Sartre » ou la « Grande Sartreuse », tels sont les surnoms dont certains journalistes l’affublent. Or les feux de la rampe sont braqués en permanence sur Sartre, alors au faîte de sa gloire. Il exerce une véritable hégémonie philosophique et intellectuelle et, de ce fait, attire bien des jalousies et des critiques. La violence de la polémique tient aussi à la guerre froide qui déchire alors les milieux culturels. Sartre et Les Temps modernes, qui ont choisi le non-alignement, essuient les feux nourris des deux camps rivaux, réunis dans l’hallali contre Le Deuxième Sexe. Le scandale provoqué par cette publication lui assure un succès immédiat. Vendu à plus de vingt mille exemplaires dès la première semaine, très vite traduit, le livre entame une brillante carrière parmi des millions de lectrices occidentales. Les débuts de l’ouvrage n’augurent pourtant pas cette immense adhésion féminine. Peu de voix de femmes participent à la cacophonie qui accueille le livre et, tandis que des éditorialistes masculins célèbres prennent position, les associations féminines - catholiques, féministes ou communistes - restent soigneusement à l’écart de la polémique.

Ce silence, fait d’embarras, de bonnes convenances et sans doute aussi de divisions internes, indique combien Simone de Beauvoir précède les générations militantes de son temps. Très vite cependant, des intellectuelles isolées manifestent leur adhésion. Romancières, essayistes, journalistes, universitaires forment les premières cohortes féminines convaincues par le plaidoyer beauvoirien, comme Colette Audry, Célia Bertin, Françoise d’Eaubonne ou Geneviève Gennari. Elles inaugurent une longue lignée de lectrices.

Avec l’apaisement de la guerre froide et le prix Goncourt, décerné en 1954 à son roman Les Mandarins, Simone de Beauvoir retrouve bonne presse. Ses Mémoires, dont les volumes s’égrènent au fil des ans, rencontrent un public fidèle et cette carrière littéraire au long cours assure une durable notoriété au Deuxième Sexe.

Bien des femmes ont témoigné du bouleversement éprouvé à cette lecture et la reconnaissance - ou la rancune - qu’elles éprouvent pour celle qui, enfin, donne des mots et des arguments à leur mal-être. « Je lis Le Deuxième Sexe. Je nage dans l’enthousiasme, enfin une femme qui a compris », s’exclame ainsi Françoise d’Eaubonne, qui s’empresse aussitôt d’écrire à Simone de Beauvoir « Vous êtes un génie ! », afin de la rencontrer (1). Simone de Beauvoir a reçu des milliers de ces lettres émouvantes qui constituent aujourd’hui un fonds documentaire inestimable à la Bibliothèque nationale. Pour les mères du baby-boom dont les projets professionnels ont été sacrifiés sur l’autel de la maternité, la rencontre est parfois douloureuse. Comme le résume très bien Ménie Grégoire, opposée sur bien des points à la philosophe : « Simone de Beauvoir a compté plus pour les femmes de ma génération que ne le diront jamais les historiens. (...) Elle nous a mises au pied du mur, nous qu’on avait formées pour une autre vie que celle de nos mères  (2) . »

L’influence de l’œuvre déborde précocement et largement les frontières hexagonales. Traduites en allemand dès 1951, en anglais et en japonais dès 1953, ces nouvelles versions commencent chacune leur trajectoire propre. Les éditeurs exigent des coupes claires comme l’américain Knopf ou bien soumettent leurs lecteurs à diverses fantaisies, ainsi, au Japon le second tome et la conclusion paraissent avant le premier et l’introduction... Les traducteurs imposent parfois de lourdes distorsions, voire de véritables contresens comme au Japon, où le propos de Beauvoir prend un tour singulièrement biologique.

Ailleurs, les réactions sont très diverses. L’enthousiasme domine en Suisse, où les femmes n’avaient toujours pas le droit de vote, mais la discrétion est de règle dans le très catholique Québec de l’époque, soumis à l’index. Dans l’Amérique du sénateur McCarthy, lecteurs et lectrices sont mis en garde par de sévères critiques. Dans l’Espagne de Franco, où circule depuis 1962 la traduction venue d’Argentine, ils prennent le risque de la clandestinité. Ailleurs, en Russie ou en Allemagne de l’Est, il leur faudra attendre la chute des régimes communistes pour disposer d’une traduction.

Dès les années 60, le livre fait figure de référence pour quiconque s’intéresse aux questions féminines, comme on disait alors. Andrée Michel, Evelyne Sullerot, Geneviève Texier en France, Betty Friedan aux Etats-Unis, Maria Aurélia Capmany en Espagne : toutes se nourrissent du volumineux essai. Domine alors une pensée assez individualiste et libérale, selon laquelle l’émancipation féminine suppose une carrière personnelle. Pour la génération suivante, le livre demeure un ouvrage d’importance, mais aux côtés d’œuvres contemporaines et radicales. Très nombreuses sont les nouvelles théoriciennes féministes des années 70 qui affirment une dette à son égard. Avec ce nouveau mouvement, Simone de Beauvoir entre dans un féminisme militant.

Auparavant, même si elle avait apporté sa caution à différentes causes, comme celle du Planning familial, jamais elle n’avait été séduite par des groupes et des associations qu’elle jugeait trop timorés. C’est chose faite avec le bouillonnant Mouvement de libération des femmes (MLF) qui lui procure un véritable bain de jouvence. Elle marche en tête des manifestations, signe le manifeste des « 343 salopes » déclarant avoir avorté, témoigne au procès de Bobigny, ouvre les colonnes des Temps modernes aux chroniques du « sexisme ordinaire » et n’hésite jamais à mettre en balance toute sa notoriété pour une cause qu’elle estime juste. Elle participe à la fondation de plusieurs associations et revues, telles Choisir, la Ligue du droit des femmes ou Questions féministes. Ces confrontations permanentes avec le mouvement des femmes l’amènent à remanier ses anciennes positions. Désormais, elle juge Le Deuxième Sexe trop idéaliste et individualiste. Les femmes subissent une oppression spécifique contre laquelle seuls des mouvements collectifs féminins peuvent lutter.

Cette longévité exceptionnelle du Deuxième Sexe ne signifie nul consensus. Depuis sa parution, il donne lieu à des clivages irréductibles. Peu ou prou, partisans et adversaires se situent, génération après génération, de part et d’autre des mêmes lignes de fracture. Pour les supporteurs, les différences qui existent entre les sexes viennent de l’oppression subie par les femmes ; les opposants, eux, en tiennent pour une nature féminine différente, dont les sociétés, trop masculines, feraient bien de s’inspirer. Laïques contre catholiques dans les années 50, partisanes de l’égalité contre tenantes de la différence ensuite, féministes contre postmodernistes plus récemment, les débats continuent, rythmés par les flux et reflux des mouvements sociaux.

Depuis la fin des années 80, on assiste incontestablement à une sorte de backlash (retour de bâton) contre Le Deuxième Sexe et son auteure. Les témoignages se font volontiers plus critiques, voire amers. Dans la volumineuse biographie de Simone de Beauvoir, Deirdre Bair, interprétant mal la réalité française, prête une attitude bien ambiguë au couple philosophe durant l’Occupation (3). La publication posthume, par les soins de Sylvie Le Bon de Beauvoir, des correspondances et carnets suscite de nombreux commentaires peu amènes (4). Bianca Bienenfeld (Louise Védrine dans les lettres) a publié le récit de son adolescence « dérangée » par sa liaison avec le célèbre couple (5). Simone de Beauvoir se voit reprocher, tour à tour, son indifférence politique pendant la guerre, sa liaison trop peu féministe avec Sartre, ses relations « contingentes » bien cavalières avec plusieurs jeunes femmes. Trop longtemps adulée, Simone de Beauvoir descend d’un piédestal qu’elle n’a jamais souhaité. Restent cependant une femme et une œuvre qui ont su, privilège rare chez les écrivains, incarner les rêves et les désirs de plusieurs générations. A ce titre, Le Deuxième Sexe et son auteure deviennent des objets d’interrogations de plus en plus scientifiques.

L’ouvrage a toujours été beaucoup commenté, mais, autrefois, simples témoignages, récits biographiques plus ou moins anecdotiques et essais polémiques dominaient. Depuis les années 80, des études érudites, diffusées par des sociétés savantes comme la Simone de Beauvoir Society, se penchent sur les origines intellectuelles du Deuxième sexe  (6). Parmi les travaux pionniers, celui de la philosophe française Michèle Le Dœuff attire l’attention sur la position singulière des femmes dans la philosophie (7).

De nombreuses études ont suivi cette voie qui exige une relecture rigoureuse et critique des textes. Certaines relativisent, par exemple, l’apport de Sartre à une philosophie existentialiste que Simone de Beauvoir aurait, dans certains cas, initiée. Des colloques, des numéros spéciaux de revues, des publications témoignent de l’inventivité des études beauvoiriennes. Les philosophes, les littéraires et les linguistes demeurent bien plus nombreuses que les historiennes ou les sociologues, les chercheuses américaines ou d’Europe du Nord dominent ce champs d’étude en expansion où les Françaises brillent surtout par leur absence.

Ce paradoxe tient à la fois de la très difficile institutionnalisation des études sur les femmes en France et aussi sans doute de la trop grande proximité des féministes françaises avec ce « monstre sacré » ou cette « mère symbolique » que fut souvent pour elles Simone de Beauvoir.

Quoi qu’il en soit, cette prévalence du monde littéraire anglo-saxon entraîne parfois Beauvoir là où elle n’aurait très certainement pas accepté d’aller : dans les dédales d’un déconstructionnisme postmoderne inspiré de Jacques Derrida et de Luce Irigaray. Ainsi, Beauvoir continue-t-elle de fasciner et de diviser. Des traductions, de plus en plus fidèles au texte original, continuent de voir le jour ; en allemand en 1992, en japonais en 1997, en russe en 1998. Dans le monde entier, Le Deuxième Sexe représente une lecture indispensable pour les étudiant-e-s des Women’s Studies universitaires. L’ouvrage n’a pas fini de faire parler de lui. Le cinquantenaire de sa publication, qui débute ce mois-ci, le démontrera fort probablement.

Sylvie Chaperon

24/08/2008 14:01 Autor: roxanagh. Enlace permanente.

Poemas

Anónimo escribió "

1.ANONIMO



Si me preguntaras la razón no hallaría respuesta

aunque se encontrara en tu mano aplastada una estrella

aunque recibiera la lluvia en estas calles grises

y pasara sin prisa algún pájaro negro

igual no habría razones, ni caramelos, ni nada

sólo un leve grito, un animal destrozado a palos

la penumbra que se extiende lentamente

el miedo, Blue velvet

el laberinto, la broma, la charada,

Bette Davis bailando sola

por eso, si me preguntases, no hallaría respuesta

ninguna palabra, ni siquiera ...



 


2.TEMPESTAD         


 


Quién dejó al unicornio sin cuerno?

Encuentro su cadaver sobre la tierra pelada

hay geranios rotos  

una canción que quedó intacta como una rosa de lejía

un dragón que se pierde en un punto inesperado

quién podría tener la culpa?

Algunos dicen que el rostro de ese animal

es una montaña de ocre sulfurosa

una isla o precipicio

donde ya nada puede gravado.


 


3. ERGO


 


Hay ese olor en tus dedos,olor a sarcófago inconfeso

no escuches a Nietzsche 

todos los mitos, posibles posibilidades

olvídate de Sartre

encuentra otras cuerdas melódicas

la bella criatura de los prados que juega con el agua.




4.LA LLUVIA


                                              “Bruscamente la tarde se ha aclarado
                                              porque ya cae la lluvia minuciosa.
                                             Cae o cayó. La lluvia es una cosa
                                             que sin duda sucede en el pasado...”

                                           Jorge Luís Borges





Cae la tarde como naufragio final

piratas a contra luz

la larga cabellera cerca de la ventana, un fantasma

mientras sigue lloviendo, lloviendo ...

empapados de carruseles miramos al dinosaurio nocturno

una sandalia polvorienta, el aguila roja.


Luego el diluvio, la ciudad inexistente

Un caballo galopando hacia la destrucción

La salvación final... una vela a la distancia.



 


5.LA BESTIA ENCANTADA


 

He aquí la luz que nos castiga

si de repente te das cuenta

de tu soledad igual que Adán ante Dios

y de repente una bestia...Hans el erizo

y de repente tú y la palma sucia de tu mano

pequeño juguete de trapo mirando a las estrellas.         


 
 

6.JE L'AIME à MOURIR


 


(Elle a du faire toutes les guerres de la vie et l'amour aussi...)

Maga, María Iribarne, Ana Ozores

polilla que deja su rastro

pálido andrógino con cara de ángel

se cierran los portones, se diluye el tiempo

en la ciudad de los muertos

y ella deja abierta la ventana, sacude el fuego,                                   

sacude sus manos azules y ásperas          

atraviesa el desierto, horizonte de polvo

la veo agitar las alas carnívoras

que comienzan a extenderse.


 

Roxana Ghiglino.

"

20/07/2008 01:29 Autor: roxanagh. Enlace permanente.

Frases

Quizás los entusiastas puedan ser calificados de ilusos, pero es mejor eso que estar hundido en la mierda.

Los mejores amigos son aquellos que no te traen problemas.

Si no puedes aceptar a las personas tal como son, mejor aléjate de ellas.

El aburrimiento es el padre de todos los vicios.

Si alguien no te gusta, díselo, así no perderá el tiempo con tigo.

No cualquier loco es un artista, pero todos los artistas están un poco locos.

El escritor es un criminal en potencia.

Ve a la prisión y enséñale a dibujar, pintar o escribir a los criminales...el resultado puede ser génial.

Lo único absoluto en el hombre es la contradicción.

El hombre es la única paradoja de la naturaleza, el resto tienen sentido.

Para ser feliz hay que ser un poco ingénuo, o fingir ser estúpido como decía Freud.

Lo mejor que puede hacer una mujer inteligente para conquistar a un hombre, es hacerse la tonta.

No te ofendas si te dicen loco o lunático, quizás sea la forma ignorante de decirte que eres genial.

 

30/06/2008 12:46 Autor: roxanagh. Enlace permanente.

La cacosmia

 
*JULES MICHELET;. Francia; 1798-1874.* 
   
"Perversión del sentido del olfato en cuya virtud resultan agradables los olores repugnantes o fétidos."

*Por Marco Aurelio Denegri.*

En el siglo XVI, en España, era tal el hedor de las calles, por el amontonamiento de basura, que la gente
distinguida, la gente de viso y alcurnia iba por ellas oliendo una bota o como se decía antes una borracha de
ámbar, esto es, un odre con perfume delicado.

Júzguese si no sería elegante y refinado semejante uso, que el secretario de Felipe II, Antonio Pérez, no
supo regalar cosa mejor a quienes le protegieron durante su destierro. En París, durante los siglos
XVIII y XIX, el enmierdamiento callejero era impresionante. Hasta tal punto que el doctor Moreau
llega a decir que había tanta mierda en el suelo, que éste ya no se veía. (Cf. A. Corbin, El Perfume o el
Miasma, 130, n. 13.)

Y según Eberhard Rathgeb, en la capital del Imperio Alemán, en la década de 1870, el enmierdamiento
callejero y la consiguiente pestilencia era lo normal. Lo curioso, en el caso de la España quinientista, es
que la hediondez callejera no disgustaba al pueblo, el cual se había acostumbrado tanto a la inmundicia, que
protestó vivamente cuando se limpiaron las calles.

La razón de ello es una perversión que en jerga médica se conoce con el nombre de cacosmia. Esta voz procede del griego kakós, malo, y osmé, olor.

La cacosmia es la perversión del sentido del olfato en cuya virtud resultan agradables los olores repugnantes
o fétidos. A un enfermo de cacosmia, a un cacósmico,le parece fragante lo pestilente y bienoliente y hasta
delicioso lo excrementicio. Enrique IV de Castilla, monarca del siglo XV, padecía de cacosmia y por eso
"amaba la pestilencia", como dice su biógrafo Gregorio Marañón.

Y el gran historiador Jules Michelet se deleitaba con el olor pestífero de las heces fecales.

El hombre es el animal que defiende esforzadamente la basura y entre todos los animales que gustan de ella
es el campeón, el que la consume y difunde con más ahínco y entusiasmo.

Unamuno decía que el hombre es el "animal guardamuertos". Y es cierto. Pero yo agregaría que además es el animal embasurante y basuralizante por excelencia. Es un ser basuralicio. La basura lo atrae irresistiblemente y él se complace en ella con delectación y hasta con frenesí.

Demuéstranlo cumplidamente, no diré ciertos programas de televisión, sino abundantes programas de
televisión.

La basura es adictiva. Y la basura que produce y esparce diariamente la televisión es peligrosísima, ya
que origina una violenta y tenaz adicción.

Los televidentes se acostumbran a la cochinada químicamente pura y a la vulgaridad más atroz. Embarrarse es para ellos una fiesta y enlodarse una diversión y enmierdarse una vocación y un destino.

En la página 383 de su libro A Trancas y Barrancas, Alfredo Bryce Echenique manifiesta lo siguiente: "Confusión hay por todas partes y cada día más, y el hombre parece acercarse a la imagen definitiva de un
ser profundamente imbécil que mira cada día más horas de telebasura y soporta el idiotizador impacto de la
angustiosa  publicidad, sin capacidad de respuesta alguna."

La teleaudiencia se pervierte con gran rapidez y es víctima fácil de la cacosmia. La cacosmia llegó al Perú hace más de diez años, tal vez quince. Y llegó para quedarse. ¡Maldita sea!

 

19/06/2008 23:23 Autor: roxanagh. Enlace permanente.

GABRIEL GARCIA MARQUEZ

 

  

1. INTRODUCTION

 

 

 

Gabriel García Márquez est mon écrivain préféré. La première fois que j’ai lu son livre «Cent ans de solitude » à 17 ans, j’ai découvert un monde merveilleux. Comme j’ai vraiment aimé cette œuvre, je l’ai lue trois fois. Après j’ai lu « L’amour au temps du choléra », qui m’a vraiment touchée car à mon avis c’est un hommage à l’amour éternel et idéal. Il y a aussi d’autres livres que j’ai adorés comme « De l’amour et autres démons » et « L’incroyable et triste histoire de la candide Erendira et sa grand-mère diabolique ».

 

C’est pour cette raison que j’ai voulu faire un travail sur lui.  Je parlerai des livres que j’ai le plus aimés et de la vie de cet illustre écrivain. Je considère qu’il est un innovateur de la littérature car il a créé une nouvelle façon de lier le monde réel et le monde imaginaire. On dit qu’il y a une certaine tragédie dans ses livres car les fins sont tristes. Mais je trouve que ses livres sont aussi un hommage à la vie, un hommage à l’innocence et aussi à l’espoir qu’il y a dans toutes les choses pénibles.

 

Lire Gabriel García Márquez c’est aussi connaître le monde subjectif de l’Amérique Latine. Un monde de passions et d’émotions. Un monde bouleversé par des changements historiques et économiques, où la vie est difficile mais où on ne perd jamais l’illusion.

 

 

2. BIOGRAPHIE

 

 

Gabriel García Márquez est né  le 6 mars 1927 à Aracataca, un petit village situé dans les montagnes du Caraïbe colombien. Son père, Gabriel Eligio García, était télégraphiste et sa mère, Luisa Santiaga Márquez, était une jeune fille issue de la bourgeoisie locale. L’histoire des amours contrariées de ses parents sera le sujet de plusieurs bouquins.

 

À cette époque là, la production de la United Fruit Company, qui avait enrichi la région où se trouvaient les plantations de bananes durant une décennie, fera faillite. La prospérité et l’opulence feront partie de la nostalgie collective des gens d’Aracataca. Ainsi, ses jeunes parents décideront d’aller vivre chez les grands parents maternels avec qui il vivra 8 ans. Son grand-père, Nicolas Márquez Iguaran, un ancien colonel, était son compagnon et confident. La grand- mère, Tranquilina Iguaran Cotes, une femme de caractère, entrait la nuit dans sa chambre pour lui raconter des histoires surnaturelles.

 

Dans cette maison, il entendra les détails du massacre des bananeraies, dans laquelle plus de cent manifestants seront tués et enterrés dans une fosse commune. Aussi, il entendra les épisodes héroïques du général Rafael Uribe Uribe, légendaire chef libéral, protagoniste de la Guerre des Mille Jours (1899-1902.)La pire guerre civile vécue par la Colombie. La mort de son grand-père, en 1935, maquera la fin de l’enfance de l’auteur. Après, il ira à Barranquilla, pour étudier à l’école San José. Plus tard, il ira à Zipaquirá, peuple minier proche de la capitale, où il poursuivra ses études secondaires.

À 20 ans, il fait des études  de droit dans l’Université de Bogotá. Tourmenté par le froid de la région andine, l’auteur se plongera dans la lecture des classiques latins et hispaniques. Fasciné par la littérature, il mettra dans un second plan ses études parce que le droit n’est pas son vrai chemin, ni sa vraie passion.

Pendant ce temps, la Colombie expérimentera un climat assez violent. Le 9 avril 1948, aura lieu El Bogotazo, trois jours de violence dans la capitale qui terminera avec la mort du chef libéral Jorge Eliecer Gaitán. Ces événements l’obligeront à déménager à Barranquilla, où il commencera à travailler comme journaliste. Après, il publiera son premier conte dans le journal "El Espectador" de Santa Fé: La troisième résignation. En 1952, il conclura son premier roman, Des feuilles dans la bourrasque. Il enverra le manuscrit en Argentine, et quelques semaines plus tard, on lui répondra de faire autre chose que la littérature. Trois ans plus tard, il gagnera un concours national pour le conte "Un jour après le samedi".

García Márquez deviendra rapidement un journaliste renommé. L’ensemble des chroniques intitulées Récit d’un naufrage, publié en 1955, bousculera le scénario politique colombien en révélant le supposé trafic de drogues dans un bateau de la marine de guerre. Ainsi, son activité journalistique lui vaudra l’hostilité des entités gouvernementales. À cause de cela, les directeurs de "El Espectador" décideront de l’envoyer en Suisse. Le journal fermera en 1956 et l’écrivain décidera de rester en Europe. En juillet 1955, il se rend à Genève, puis à Rome, où il s’inscrit au Centre expérimental de cinéma. Quelques mois plus tard la fermeture du journal, par le dictateur Rojas Pinilla, le surprend à Paris. Bientôt, réfugié au dernier étage d’un hôtel du quartier Latin, il travaille à La mauvaise heure (publié en 1962). 

Peu après le triomphe de la révolution cubaine, il ouvre à Bogota, avec Plinio Mendoza, un bureau de l’agence d’informations Prensa latina, pour laquelle il travaille ensuite à La Havane et à New York. Démissionnaire en juin 1961, il s’installe à Mexico, il écrit les nouvelles de Les funérailles de la grande mémé (1962). En 1965, il commence la rédaction de Cent ans de solitude dont la publication à Buenos Aires, en avril 1967, lui vaudra aussitôt la célébrité dans toute l’Amérique latine et bientôt en Europe. Lauréat du prix Nobel 1982, il est aussi l’auteur de l’Incroyable et triste histoire de la candide Erendira et de sa grand-mère diabolique (1972), L‘Automne du patriarche (1975), Chronique d’une mort annoncée (1981), L’Amour au temps du choléra (1986) et d’une fiction sur les derniers jours de Bolivar: Le Général dans son labyrinthe (1989).

 

3. ŒUVRES

 

Gabriel García Márquez est un génie, il a écrit beaucoup de livres, romans, contes, reportages, chroniques, etc. Je vais parler de certains oeuvres, évidement, parce que je les ai lues, et principalement parce qu’elles m’on touchée de façon particulière.

J’ai lu aussi Les funérailles de la grande mémé, Chronique d’une morte annoncée « Pas de lettres pour le colonel », et Récit d’un naufrage. Mais je ne parlerai pas de ces oeuvres, que je considère très bonnes aussi, principalement pour ne pas densifier le travail.

Dans les oeuvres que j’ai choisies, le seul livre que je n’ai pas aimé c’est Mémoires de mes putains tristes. C’est son dernier livre, et il a suscité beaucoup de controverses. Je pense que c’est important aussi de parler d’une oeuvre, même si elle n’est pas à notre goût.

 

3.1CENT ANS DE SOLITUDE (1967)

 

Quand j’avais 17 ans, mon professeur de littérature nous avait parlé de cette oeuvre. Il avait dit qu’une personne qui n’a pas lu Cent ans de solitude  ne pouvait se considérer latino-américaine. Donc j’ai cherché le livre à la Bibliothèque municipale et j’ai passé des longues heures à le lire. J’ai perdu la notion du temps, rien n’était plus important que connaître les aventures de la famille Buendia. Quand j’ai fini, j’avais l’impression d’avoir lu un des meilleures livres de l’histoire de la littérature.

Cent ans de solitude est une véritable pièce maîtresse, c’est l’épopée de la fondation, de la grandeur et de la décadence du village de Macondo, un petit village perdu quelque part dans une jungle de l’Amérique du Sud, et de sa plus illustre famille, les Buendia.

Macondo c’est aussi, à mon avis, le monde de l’enfance dans son isolement, le monde de l’illusion, le monde de la pureté. Macondo est un univers orienté vers la magie sous l’influence des gitans qui détiennent le savoir. Tout est magique et possible.

 Cent ans de solitude est comme un conte qu’on transmet de génération en génération. Cette histoire commence avec la fondation de Macondo par José Arcadio Buendia, qui a deux enfants. Après il y a une suite de révolutions, de guerres civiles, de destructions. L’Histoire, c’est la civilisation qui vient bouleverser Macondo avec l’implantation d’une compagnie bananière, invasion de la civilisation industrielle américaine. Une civilisation qui se croit supérieure, et ce sera le déclin, l’échec; condamnée dès les origines par le culte de la solitude où elle s’enferme, la famille Buendia s’éteindra et finalement un déluge détruira le village de Macondo.

Cent ans de solitude, c’est aussi et surtout la chronique des histoires personnelles des membres de la famille Buendia car tous participent, à leur manière, à la perte tragique du paradis. Le fondateur qui rêvait de prouver l’existence de Dieu en le photographiant. Un fils guerrier, qui perdit toutes ses guerres et fit 17 enfants, tous des mâles. Une fille, la plus belle femme du monde qui fait mourir tous les hommes, seulement en la regardant, et plusieurs autres personnages assez compliqués et incroyables.

Fidèle au mode de narration du récit mythique, García Márquez boucle ainsi son roman par la répétition de l’inceste initial et l’allégorie de l’arbre de la connaissance, Aureliano déchiffre enfin le manuscrit de Melquiades, tout était écrit. C’est une histoire sur le mode de la spirale : les descendants sont dotés des mêmes défauts et qualités que leurs ancêtres, les événements procèdent par répétition.

Il y a des personnes qui considèrent que Cent ans de solitude est un livre dense, compliqué et philosophique. C’est vrai qu’il y a de la philosophie et de la poésie. Néanmoins je considère que c’est une histoire accessible car on peut s’identifier aux personnages. Et même si les personnages ont des noms composés qui se recoupent, et s’il y a de nombreux retours en arrière, on  peut finalement, avec de la concentration, arriver à suivre l’histoire et on y prend vraiment du plaisir. On peut aussi faire un arbre généalogique pendant la lecture pour s’aider à comprendre la suite des événements. Finalement je crois que c’est une histoire familiale sur la vie, la mort, la solitude et l’amour.

Le livre est un théâtre de la vie, une de ces histoires universelles, comme chez Homère ou Cervantès. C’est l’épopée symbolique de tout le continent latino-américain à travers la fabuleuse saga d’un village perdu.

 

3.2 L’INCROYABLE ET TRISTE HISTOIRE DE LA CANDIDE ERENDIRA ET DE SA GRAND-MERE DIABOLIQUE (1972)

 

C’est l’histoire d’ Erendira, une belle et jeune orpheline de père et mère qui est élevée par sa grand-mère. Un jour, elle est épuisée par son dur labeur, Erendira s’endort en oubliant d’éteindre sa chandelle. Celle-ci met le feu et le lendemain, le château de sa grand-mère est complètement détruit. A cause de ça, sa grand-mère décide de la prostituer  afin qu’elle paye sa dette. Les deux femmes commencent à voyager de ville en ville où la terrible grand-mère offre la fille à n’importe qui. Un Jour, Erendira connaît un garçon nommé Ulises, jeune et beau, qui va tomber amoureux d’elle. Il lui promet de tuer sa grand-mère.

A mon avis, cette histoire c’est un conte de fées très original parce que le final est complètement différent de ce qu’on peut imaginer. Erendira c’est comme une Blanche neige maudite par sa terrible belle mère, comme la belle au bois dormant, ou Cendrillon. Elle est une héroïne malheureuse, une jeune fille qui doit travailler comme une esclave. Elle est l’incarnation de la souffrance, de la bonté, de la beauté. Mais elle est aussi un personnage difficile à comprendre car on ne connaît pas ses sentiments. Apparemment, c’est comme si Erendira attendait le prince charmant qui viendra pour la sauver de sa diabolique grand-mère. Et comme le prince qui tue le dragon ou le monstre maléfique qui les empêche d’être heureux, son amoureux tuera sa grand-mère, incarnation même de la méchanceté.    

Mais elle ne vivra pas heureuse avec lui pour l’éternité. Quand le garçon a tué sa grand-mère, elle décide de choisir sa liberté, pour des raisons que je ne comprends pas et abandonne son amoureux. Peut-être qu’elle ne l’aime pas, parce qu’elle a beaucoup souffert pour pouvoir aimer qui que ce soit. C’est aussi possible qu’elle ait voulu profiter de lui, simplement pour se débarrasser de sa grand-mère. Je pense qu’elle ne croit pas à l’amour après tout et qu’elle croit que la solitude est le seul chemin possible à choisir. La décision d’Erendira est une énigme pour moi. Mais je ne peux pas juger le personnage qui est d’une telle beauté, car elle est seule au monde et elle probablement ne croit en rien sauf en elle.

 

3.3 L’AMOUR AU TEMPS DU CHOLERA (1985)

 

Pendant mes vacances à Nice en 2008, j’ai regardé le film inspiré du livre de Gabriel García Márquez L’Amour au temps du choléra. Un film américain et bien fait de Mike Newell, réalisateur de Harry Potter, avec John Leguizamo, Benjamin Bratt, Javier Bardem, Liev Schreiber, Laura Harring, Ana Claudia Talancón, Angie Cepeda, Hector Elizondo, et Catalina Sandino Moreno.

J’avais déjà lu le livre. D’habitude les livres sont beaucoup mieux que les films, mais je dois reconnaître que le film était vraiment très bien élaboré et qu’il ne m’a pas déçue. Au début le film peut paraître trop sentimental et peut être improbable mais après on tombe sous le charme de cette histoire. Les images et la qualité du film sont superbes. On passe vraiment un très bon moment qui reflète bien  le livre. Néanmoins il y a beaucoup de choses qui on été coupées du livre. 

Maintenant je vais résumer le livre. A la fin du XIXème siècle, en Colombie, à Cartagena, un jeune télégraphiste pauvre et poète qui s’appelait Florentino Ariza, tombe amoureux fou de la plus jolie des jeunes filles, Fermina Daza. A travers des lettres passionnées, il gagne peu à peu son coeur et lui jure un amour éternel. Fermina lui promet de l’épouser. Mais comme Florentino était un garçon pauvre, le père de la jeune fille se jure de séparer les deux jeunes gens.

Le père envoie sa fille chez sa famille maternelle. C’est à cette époque là qu’elle fait connaissance de sa cousine. Elle va devenir sa meilleure amie et confidente. Hildebranta lui confie qu’elle est amoureuse d’un homme marié. En effet les deux cousines sont très différentes. Fermina est trop fière, sérieuse, timide et conservatrice. Je pense qu’elle se fait des problèmes pour rien. Hildebranda est drôle, libérée, coquine, extravertie. Personnellement le personnage de Hildebranda est plus sympathique à mon égard, mais Fermina est l’héroïne de l’histoire.  

Quelques années plus tard, celle qui est devenue une jeune femme, belle, intelligente et encore plus fière, épouse Juvenal Urbino, un jeune et riche médecin. L’homme qui a réussi à endiguer l’épidémie de choléra de la ville part s’installer avec sa jeune épouse à Paris. Lorsqu’ils reviennent à Cartagena, plusieurs années après, Fermina a oublié complètement son premier amour. Florentino, lui, ne l’a pas oubliée. Devenu un riche armateur, il collectionne les aventures avec des femmes éventuelles et ceci est raconté avec beaucoup  d’humour, d’imagination. Mais Florentino brûle toujours d’amour pour la belle Fermina. Pendant des années, Florentino s’accrochera à cet amour impossible. Il va attendre la mort de l’époux de Fermina pour lui déclarer son amour inconditionnel et éternel.

De son côté, Fermina mène la belle vie. Elle vit dans la belle société de la ville. Mais on ne sait pas si elle est vraiment si heureuse que ça, je veux dire, de vivre dans un monde d’apparences. Je pense qu’elle aime le beau et riche médecin, c’était un amour réaliste, il y avait du respect et de l’admiration. Surtout il y avait le compromis d’être ensemble pour maintenir une famille. C’est une autre forme d’aimer, différente de l’amour fantastique de Florentino, lui qui est décrit par elle comme « une ombre ». 

Quand finalement, la mort du médecin arrive, Florentino déclare encore une fois sa flamme à Fermina. Au début elle le rejette, mais, après elle va tomber à nouveau sous son charme. A 70 ans ils vont vivre leur histoire d’amour qui ne tombe jamais dans le ridicule.

Je pense que c’est une des plus belles histoires d’amour dans l’histoire de la littérature. Heureusement Florentino arrive à conquérir presque à la fin de sa vie son grand amour. Sinon ça aurait été vraiment très frustrant pour moi. Cette histoire est aussi une belle réflexion sur l’amour, sur la vie, sur le temps qui passe, sur ce qui est possible et ce qui ne l’est pas. Selon le livre on ne pourrait aimer pleinement qu’une seule fois dans sa vie, et il n’y aurait qu’une personne pour laquelle on serait fait même si on doit attendre le temps qu’il faut. 

 

3.4 DE L’AMOUR ET AUTRES DEMONS (1994)

 

Selon le livre, en 1949, on découvre dans le cimetière d’un couvent la tombe d’une enfant de 12 ans dont la chevelure intacte mesure 22 mètres. Cette découverte rappelle à Gabriel García Márquez une légende que lui avait racontée sa grand-mère dans son enfance, sur une petite marquise à la chevelure splendide qui était vénérée dans les villages des Caraïbes pour ses nombreux miracles. Il décide d’écrire une histoire sur cette fille. 

C’est l’histoire de Sierva María, la marquise, fille de bonne famille qui n’était pas bien aimée par sa mère. A cause de ça, elle va vivre avec les esclaves et se sentira elle-même noire. L’action se déroule quand Sierva Maria a 12 ans et elle est mordue par un chien enragé. Les symptômes tardent à venir mais quand la maladie commence à se dérouler on découvre l’impuissance des médecins de l’époque face à la rage. Elle subira beaucoup de traitements. Mais aucun n’aura un effet positif.

Puis Sierva Maria commence a être prise de convulsions, on dit que la rage transmise par l’animal amène la victime à devenir elle-même un animal. Les religieux pensaient qu’elle était possédée par le diable. Le marquis de Casalduero, son père accepte de l’enfermer dans un couvent. Puis Delaura, un jeune prêtre espagnol "au souffle court et aux mains brûlantes", responsable de la bibliothèque  est choisit pour la sauver et devient exorciste. Celui-ci tombe amoureux de la jeune fille "au corps harmonieux recouvert d’un duvet doré presque invisible", qui est habitée par les diables yorubas ramenés d’Afrique par les esclaves noirs.

Au début Sierva Maria est agressive avec lui, mais après elle tombe folle amoureuse de lui. Ils commencent à se rencontrer en cachette. Finalement les supérieurs du couvent  découvrent leur relation et les séparent. Sierva Maria mourra consumée par sa maladie, par la tristesse  et par l’amour, sans savoir que son amoureux a été empêché de la revoir. On lui avait coupé sa longue chevelure et au moment de sa mort on pouvait voir quelques poils qui commençaient à grandir à nouveau.

Dans l’histoire, l’église est plus une représentation de la stupidité humaine avec ses idées dégradées du bien et du mal  que la représentation de Dieu sur la terre. Gabriel Garcia Marquez évoque également dans cet ouvrage une problématique philosophique peu abordée jusqu’alors dans ses romans antérieurs. La religion, et parfois la démonologie de la Colombie caribéenne, ou encore ce qu’il nomme avec dédain "l’esprit scolastique" ("l’essentiel n’est pas que tu croies, mais que Dieu continue à croire en toi") semblent être l’autre fil conducteur secret de l’œuvre.

J’aurais aimé que l’histoire ait un final heureux, mais comme beaucoup des histoires de Gabriel Garcia Marques, le final est triste. Je n’aime pas du tout cette caractéristique, mais j’imagine que peut-être c’est ça qui fait que l’histoire est assez touchante. Même si c’est très frustrant pour moi de connaître un tel final. Moi, je les imaginais heureux pour toujours. Je dois reconnaître que l’histoire est très dynamique, et très agréable à lire. Je pense que De l’amour et autres démons est une de ces grandes histoires d’amour frustré, et la description percutante d’une idylle irrésistible et impossible entre deux êtres que tout sépare, comme Roméo et Juliette. Un amour comme celui-ci est plus passionné dans la littérature, parce qu’il y a un côté tragique et un peu masochiste car de tous les démons, selon l’auteur, l’amour est le plus terrible.

 

3.5 MEMOIRES DE MES PUTAINS TRISTES

 

C’est l’histoire d’un vieillard qui réclame une jeune vierge pour célébrer ses 90 ans. La jeune fille a quatorze ans, et elle s’appelle Delgadina. On pourrait penser que le vieillard nonagénaire devrait incarner la sagesse face à la pureté et la jeunesse de la fille, mais ce n’est pas du tout cela. Le vieux a une libido très active, et les scènes se passent dans un bordel.

C’est une histoire courte car il n’y a que 127 pages et ce n’est pas une de mes oeuvres préférées de  Gabriel García Márquez. Je n’ai pas pris de plaisir à la lecture, à un moment ça m’a ennuyée. J’ai décidé de parler de ce livre  parce qu’il reprend le thème de l’amour, et de la vieillesse. Et de la même façon que les autres histoires m’ont séduite de façon particulière, celle-ci m’a dérangée de façon particulière aussi.

A mon avis, la relation entre le personnage de 90 ans, et la fille de 15 ans, ne me semble pas très romantique. Je n’ai pas trouvé l’histoire très séduisante du tout, comme les autre histoires qui m’on fait soupirer. Il y a quelques aspects qui peuvent déranger le lecteur comme le fait de prostituer une jeune fille de 14 ans et de l’utiliser comme un objet. On pourrait être parfaitement scandalisé d’un thème pareil. Et c’est bizarre pour moi que cette jeune fille tombe amoureuse de lui car un homme de 90 ans n’est pas l’image d’un prince charmant.

La grande différence avec L’amour au temps du choléra, c’est évidement que celle-ci est l’histoire presque idéalisée d’un amour qui paraissait impossible entre deux personnes âgées. Dans Mémoires de mes putains tristes on assiste à la rencontre charnelle d’une fille et d’un homme qui pourrait être son grand-père. On peut considérer que dans la fiction tout est possible. Il faut séparer le monde de la fiction du monde réel. Ce qui est le plus important c’est le déroulement de l’histoire et le style littéraire qui doit séduire le lecteur. Je n’ai pas aimé le style du bouquin, mais le roman suscite la réaction du lecteur. Le personnage principal ne nous laisse pas indifférent. On peut le détester, et peut-être qu’on peut l’aimer. 

 

4. CONCLUSION

 

Le style littéraire de García Márquez « le réalisme magique », est caractérise par sa couleur, sa poésie et son imagination.  Cent ans de solitude, l’histoire de Macondo, par exemple, est un bon exemple du style littéraire de García Márquez. On voit que les histoires d’amour de García Márquez  sont généralement tragiques comme par exemple :   L’incroyable et triste histoire de la candide Erendira et de sa grand-mère diabolique, ou De l’amour et autres démons. Ces livres racontent des histoires où l’amour entre les protagonistes est impossible. Néanmoins, L’amour Au Temps De Cholera est un des rares livres où la fin est heureuse parce que les amoureux se retrouvent à la fin de l’histoire. Finalement, Mémoires de mes putains tristes, est un livre qui traite le sujet de l’amour dans la vieillesse. C’est un livre qu’on peut aimer ou non. Pour conclure, par le biais de ce travail, j’ai voulu vous donner l’envie de lire Gabriel García Márquez, de le découvrir. Je considère qu’il est le meilleur représentant de la littérature latino-américaine et que la lecture de ses œuvres est très enrichissante.

 

 

 ROXANA GHIGLINO GONZALES

 

 

 

5. BIBLIOGRAPHIE

 

þ    GABRIEL GARCIA MARQUEZ, Cent ans de solitude, Buenos-Aires, Sud americana, 1967.

þ    GABRIEL GARCIA MARQUEZ, L’incroyable et triste histoire de la candide Erendira et de sa grand-mère diabolique, Barcelone, Norma, 2002.

 

þ    GABRIEL GARCIA MARQUEZ, L’amour au temps de cholera, Barcelone, Random House, 2008.

 

þ    GABRIEL GARCIA MARQUEZ, De l’amour et autres démons, La Habana, Arte y Literatura, 1994.

 

þ    GABRIEL GARCIA MARQUEZ, Mémoires de mes putains tristes, Barcelone, Norma, 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17/06/2008 21:53 Autor: roxanagh. Enlace permanente.


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